Lectura, el Libro y Editorial

El sector del libro y el editorial se ha constituido como espacio y medio de difusión de enseñanzas, ideas y debates en las sociedades modernas, dando origen a historias que marcan generaciones. Como industria es una columna primordial de las Economías Creativas siendo además integradora y transversal para muchos otros sectores.

Vitrina Lectura, el Libro y Editorial

Vitrina CHEC es el espacio para la exhibición de procesos creativos nacionales que han tenido una trayectoria de internacionalización en los últimos años y que han contado con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. En esta selección se presentan proyectos y obras que han sido premiadas y destacadas en distintas instancias como ferias, bienales, exhibiciones, entre otras.

Los años de Allende

Relata con emoción y rigor una época crucial de la historia chilena.


Cuando me encomendaron realizar un relato curatorial sobre el sector editorial chileno, la primera imagen que se fijó en mi cabeza fue la de un libro antiguo de bordes destruidos, algo carbonizado por la el tiempo y las catástrofes políticas pero que, pese a ello, desde su superficie letrada, afloraba algo así como musgo.

Tiempo aproximado de lectura: 5 minutos

Al pasar los días la escena se instaló en el cerebro y, dando vueltas en mi biblioteca, descubrí que era una imagen robada. Lo que recordaba era una obra del artista Sebastián Preece llamada Libros. De los Ángeles y demonios, modelo de un retrato de familia. En ella, exhibía como objetos artísticos, una serie de libros encontrados en una excavación realizada el año 2004 en la ciudad de Los Ángeles, ubicada en la zona centro sur del país, ese Chile profundo.

Estos libros que devenían fragmento, musgo y de los cuales hasta crecían plantas, me resulto una metáfora precisa para una curadoría. Porque el sector editorial chileno es un invernadero en expansión. Un herbario que florece y desborda el paisaje cultural. O al menos aquellas imágenes metafóricas permiten definir su sostenida y continua expansión. Porque si realizamos una mirada retrospectiva, los últimos diez años se ha generado un crecimiento sostenido. Algunas cifras: desde el año 2008 hasta la fecha, han nacido más de doscientos cuarenta sellos editoriales de capitales autónomos. Y si en aquél lejano año se publicaban tres mil novecientos ocho libros –según registros del ISBN–, diez años después, en el 2018, aquél número ascendió a ocho mil ciento sesenta y cinco títulos.

Este crecimiento exponencial no ha sido solo numérico. La independencia a la hora de decidir qué publicar, se ha traducido en una expansión de los tópicos que circulan hoy por los escaparates de librerías físicas y virtuales chilenas. Áreas temáticas como: disidencias sexuales, memoria histórica, feminismos, literatura de autores emergentes o pertenecientes a pueblos originarios, crónicas autobiográficas, traducciones originales de obras de otras lenguas y latitudes, libros de amplio formato, fanzines serigrafiados o experimentaciones librescas, se han vuelto una norma del panorama editorial. En paralelo a esta radical expansión de la bibliodiversidad, al florecimiento de la industria editorial chilena, han surgido nuevos espacios de difusión. Ferias del libro cuya lógica de distribución de espacios y/o stands, se ha basado en la democratización de los actores, evitando que la envergadura de la editorial se traduzca en los metros cuadrados del mobilario. Ferias como: “La Primavera del Libro” (realizada en Parque Bustamente, y que ya lleva ocho versiones); “La Furia del Libro” (realizada actualmente en el GAM, trece versiones) o “Impresionante” (realizada en el MAC, cuatro versiones), se han consagrado como hitos culturales que le permitan a las y los lectores, conocer de cerca la bibliodiversidad y bibliomaterialidad que existe hoy. Estas ferias reúnen en total a un poco más de trescientos cincuenta expositores, y convocan una audiencia que bordea en total las cuarenta mil personas.

Es un hecho, el invernadero se ha desbordado.

Los almácigos, poco a poco, han cimentado raíces sobre el descampado cultural que arrastrábamos desde la transición. Hoy la industria del libro es un sotobosque en crecimiento, donde conviven arboledas antiguas con especies emergentes. Por otra parte, el plan de internacionalización, nacido el año 2013 y devenido a política de Estado, ha generado las condiciones para que se realicen viajes de comitivas del sector a cruciales ferias como: Frankfurt bookfair, Feria del libro infantil de Bolonia, Fil Guadalajara, Filba, Filbo o Fil Lima (entre otras). Las cifras de este proyecto son apabullantes y, quizá, la razón por la cual ha sido un éxito. Más de mil trescientos treinta y un agentes culturales han asistido a estas ferias, en treinta y ocho comitivas distintas. Mediante estas instancias, se ha contribuido significativamente a visibilizar el libro y las autorías chilenas en un plano global. Ha aumentado de forma sostenida la cantidad de obras que han sido publicadas y traducidas en otras latitudes. También la compra y venta de derechos, las exportaciones formales e informales a países como Argentina, España, Colombia y Perú, y las coediciones entre sellos chilenos y de otros países de habla hispana. Se ha logrado un sitial reconocible dentro del panorama libresco, que no solo ha permitido caracterizar al sector en particular, sino dar cuenta hacia otras latitudes de los rasgos simbólicos y culturales del libro chileno.

Sin embargo, este relato de crecimiento, porta consigo una suerte de rémora. Un derrotero que vuelve único al sector editorial chileno: somos la industria con mayor eclosión en habla hispana y, quizá, del mundo entero. En Chile actualmente existen cuatro agrupaciones formales de editores: la Cámara chilena del libro (fundada en 1950); la Asociación de Editores Independientes Universitarios y Autónomos (fundada en 2001); la Cooperativa de Editores de la Furia (fundada el 2014); y la Corporación del Libro y la Lectura (fundada en 2015, a raíz de una división entre editoriales y libreros originada dentro de la Cámara del Libro); y la Red feminista del Libro (fundada el 2016 y que a su vez, propone una constitución regionalista y no centralizada de su estructura).

La tendencia generalizada, como vemos, no es a la fusión o a resolver las asperezas que suscita cualquier sector cultural y/o productivo, sino a la aparición de nuevas entidades, a la profundización de la fragmentación. De hecho, resulta sintomático que las escasísimas veces que los medios de comunicación se refieren al sector editorial, lo que cubren son polémicas que se generan entre sus actores, pugnas por fondos públicos y sistemas de compra o derechamente peleas ad hominen entre las agrupaciones.

Creo que este debate poco y nada le interesa a las y los lectores.

Tampoco a los libreros, a los bibliotecarios, a los mediadores de lectura, a los gestores de bibliotecas populares o a los coordinadores de clubes de lectura autogestionados. Y son esos los principales actores, y no otros, los que le dan sentido al sector.

Por estas razones la premisa de esta propuesta curatorial plantea la urgencia de que se genere la construcción de un espacio, organismo o fundación, donde todas las editoriales; autorías y actores del libro puedan converger. Un espacio donde el ecosistema del libro pueda reunirse pese a los conatos internos que, seguramente, seguirán sucediendo y ampliando los límites del ecosistema.

Si la línea de acción de la Política Nacional de la Lectura y el Libro, que se instauró entre los años 2015 y 2020, sentó las bases para generar el ecosistema actual identificando a los actores más relevantes, la interacción entre las entidades públicas y el sector se basó en visualizar como únicos dialogantes a esos actores. Y como vimos la excesiva fragmentación es un síntoma que potencia la bibliodiversidad, pero coarta la generación de políticas públicas. Por ello creo que la Política Nacional de la Lectura y el Libro, que se instaurará para el 2021 – 2026, debería pensarse desde otra óptica. Perfectamente el Estado puede entender que su rol en el ecosistema editorial no debe ser elegir a los guardabosques, sino crear un gran parque público, democrático y abierto a la sociedad civil. Ejemplos existes y actores sobran. También la realidad concreta de que la autonomía de toda industria editorial, se basa siempre en que existan cada vez más lectoras y lectores. Que el acto de adquirir un libro, deje de ser un privilegio y se vuelva costumbre.

Abstrac: Ecosistema del libro en Chile: de la eclosión a la cimentación. (máximo 200 palabras)

Palabras clave: Ecosistema / Bibliodiversidad / Fragmentación gremial / Convergencia.

Links referencia: http://www.sebastianpreece.com/2014/01/libros.html

Guido Arroyo

Posee estudios formales en: Literatura, Periodismo Cultural y Filosofía.

A los diecinueve años creó el sello autónomo Alquimia, cuyo catálogo asciende a los noventa títulos, y donde ejerce como director editorial hasta hoy. Es autor de cinco libros de poesía, el volumen de ensayos La poesía chilena no existe y en coautoría de la crónica Chacarillas: los escogidos de Pinochet. Debido a su rol como editor, fue seleccionado en el listado de los 100 jóvenes líderes de El Mercurio el año 2016. Actualmente realiza clases en el Diplomado de Edición y Publicaciones en la uc, y de cine en la uah. También colabora en diversos medios y sellos editoriales.

Proyectos Seleccionados

Ediciones Uach

Formaliza, fomenta y facilita la producción editorial de la casa de estudios

Bifurcaciones

Fundación Plagio

Proyectos que permite a los ciudadanos conectarse con su propia creatividad.

La Pollera ediciones

Editorial y publicación de libros con el mismo espíritu de acercar la literatura al lector general

LOM Ediciones

Publicación de libros en literatura, ciencias sociales y humanas, literatura juvenil e infantil, fotografía.

Los libros de La Mujer Rota

Publicamos libros mayormente sobre narrativa y ensayo contemporáneo.

Banda Propia Editoras

Publicamos literatura contemporánea y primeras traducciones de obras destacadas.

Editorial Aparte

Edición, diseño y distribución de libros de autores chilenos.

Ocho libros

Editorial independiente generadora de contenidos en diversos campos del saber, que ponen en valor la memoria visual del país